Alepo se queda sin doctores


Un grupo de médicos opera en un colégio. Fotografía: © Antonio Pampliega

Un grupo de médicos opera en un colégio. Fotografía: © Antonio Pampliega

Los gritos hacen enmudecer el estridente sonido de las ambulancias que cruzan la calle a toda velocidad. Gritos de dolor. Gritos de indignación. Gritos de muerte. Un hombre, cubierto completamente de sangre, sale del interior del hospital y se derrumba ante la mirada atónita de los viandantes. Nadie se acerca a ayudarle. Han visto tantas veces escenas como está que lo tienen por algo cotidiano. Otro joven, con el rostro manchado con sangre, se arrodilla a su lado. Los dos lloran. Las lágrimas apagan los gritos. La ciudad vuelve a un silencio roto por el trajín de ambulancias…

En la entrada del hospital hay dos camillas con sendos heridos. El interior de un completo caos. Sangre por todas partes. Restos humanos con los que se podía reconstruir a una persona entera. Los doctores, enfermeros y voluntarios no dan abasto. Cada uno atienda a una decena de heridos; mientras, las ambulancias continúan llegando con más heridos.

Un joven llora sobre el cadáver de su hermano. Fotografía: © Antonio Pampliega

Un joven llora sobre el cadáver de su hermano. Fotografía: © Antonio Pampliega

“A primera hora un helicóptero del régimen lanzó un barril cargado de TNT sobre centenares de personas que guardaban cola para recoger comida. 20 minutos después, el mismo helicóptero lanzó un segundo barril contra los servicios de emergencias que habían acudido en su ayuda. Hay decenas de muertos y centenares de heridos. Estamos saturados”, comenta a El Confidencial el doctor Ammar Zakaria.

Este antiguo capitán del ejército de Al Assad desertó hace dos años para unirse a los doctores que trabajan, como voluntarios, en el lado rebelde. “La mayor victoria será detener la sangría que se produce a diario, más allá de que la revolución triunfe o no. Eso ahora es secundario, ganaremos cuando detengamos la guerra. Hasta ese momento, esto es lo que nos espera a diario”, afirma mientras muestra su bata llena de sangre. “La mayoría de sirios no tiene ni idea de lo que ocurre en su país. Muchos viven plácidamente en Europa o Estados Unidos. Deberían volver y ver con sus propios ojos cómo nos están exterminando”, la rabia llenan las palabras de este doctor que decidió desertar cuando vio con sus propios ojos como otros compañeros torturaban a civiles inocentes para sonsacarles información. “Decidí trabajar bajo las bombas, pero trabajar libremente”, sentencia.

Cuando la revolución estalló en la ciudad de Alepo (19 de julio de 2012) cientos de doctores, enfermeros y voluntarios acudieron a los hospitales a ayudar. Dos años después el número se ha reducido a algo casi testimonial. “Hay 36 doctores en toda la ciudad. Cada pocos días un doctor abandona la ciudad para marcharse, junto con su familia, a Europa. Muchos compañeros se han cansado a que la situación mejore y han decidido que no merece la pena quedarse en Siria”, afirma Abu Yosef director de este hospital. Este hombre, de 60 años, de aspecto cansado pide que no publiquemos el nombre del hospital para evitar convertirse en un objetivo. “En lo que llevamos de guerra han muerto, solo en Alepo, 10 doctores y cerca de 30 enfermeros. Cinco hospitales han sido alcanzados por las bombas y dos han sido completamente destruidos. Somos un objetivo prioritario para el régimen. Si eliminas a los doctores de la ecuación ¿Quién atenderá a los heridos?”, analiza Abu Yosef. “Somos los únicos testigos que documentamos las matanzas que están llevando a cabo”.

Dos hombres cargan el cuerpo de un herido. Fotografía: © Antonio Pampliega

Dos hombres cargan el cuerpo de un herido. Fotografía: © Antonio Pampliega

Las horas pasan y los heridos continúan llegando sin parar. Los números sobre el ataque empiezan a ser escalofriantes. 47 muertos, de momento, y más de 200 heridos. En este hospital hay siete doctores trabajando sin descanso atendiendo a no menos de 10 pacientes cada uno. “Las urgencias de los mejores hospitales del mundo son capaces de atender con garantías a unos 20 pacientes simultáneamente. Nosotros tenemos a no menos de 100 ahora mismo. Ni siquiera tenemos donde colocarlos…”, se lamente Abu Aasem, 25 años, quién aún no ha terminado la carrera de medicina pero en este contexto eso es lo de menos; si sobrevive a la guerra tendrá más experiencia que muchos doctores con más de una década de carrera profesional.

Un anciano se acerca a la morgue de este hospital, que no es otra cosa que una tienda de campaña que se derrite bajo un sol intenso. El olor a putrefacción es nauseabundo. Los voluntarios del hospital han ido colocando los cadáveres, amortajados, en este inmundo lugar a la espera de que los familiares- si es que los tienen- reclamen sus cuerpos. El hombre, que luce un pañuelo ajedrezado de color blanco y rojo, se lleva las manos al rostro y se tapa los ojos. En esta macabra lotería su número ha sido premiado. Su hijo está entre los muertos…

“El mundo se ha olvidado de Siria”, comenta un enfermero mientras, desde la distancia, observa la escena. “Nos hemos convertido en simples números”, sentencia con ironía. Unos números que ya alcanzan las más de 200,000 víctimas mortales.

Un enfermero hace una foto al cadáver de un niño. Fotografía: © Antonio Pampliega

Un enfermero hace una foto al cadáver de un niño. Fotografía: © Antonio Pampliega

Estos pocos doctores y enfermeros que han decidido permanecer en Alepo, a riesgo de sus propias vidas, trabajan en condiciones extremas. Sin electricidad, sin apenas dinero para pagar la gasolina de los generadores, en muchas ocasiones tienen que operar sin anestesia o con material quirúrgico improvisado. Además, el personal sanitario tiene que lidiar con otro problema, los nuevos dirigentes de la ciudad. “A los políticos no les importa la situación de los doctores. Un soldado puede llegar al hospital y pegar a un doctor porque no ha podido salvar a su compañero. Ese soldado jamás será castigado. Es un precedente peligroso”, denuncia  el joven Abu Aasem

“La revolución no ha servido para nada, ahora estamos mucho peor que antes. Me encantaría poder volver a los tiempos anteriores a que ocurriese todo esto”, piensa en voz alta. “Pero sigo pensando que Al Assad es un asesino y un dictador…”, aclara.

 

Video: 

*El video contiene imágenes que podrían herir tu sensibilidad, ten cuidado quizás prefieras seguir mirando a otro lado.

Categorías: Siria | Etiquetas: , , , , , , | Deja un comentario

Navegador de artículos

Y tú, ¿qué opinas?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

A %d blogueros les gusta esto: