Situación límite para miles de refugiados cristianos en Irak


Mujeres cristianas en misa. Fotografía: © Antonio Pampliega

Mujeres cristianas en misa. Fotografía: © Antonio Pampliega

Cristine Mater se pasa la mano por su barriga. Siente las patadas incesantes de su bebé. La mujer, que descansa en un sofá que han colocado a la entrada de su tienda de campaña, ve el tiempo y la vida pasar. Al cuello, un sencillo rosario. Su fe es lo único de lo que no ha sido desposeída. Sus esperanzas en el futuro… hace meses que se esfumaron. “¿Qué futuro le espera a mi hijo? Los yihadistas del Estado Islámico (EI) no tendrán piedad de nosotros, los cristianos. ¿Huiremos durante el resto de nuestra vida o viviremos escondidos como animales asustadizos?”, se pregunta la mujer mientras se aferra a la cruz de su rosario. “Si nos encuentran no tendrán piedad de nosotros, como no la han tenido con los yazidíes o con los soldados iraquíes. Matarán a los hombres y a las mujeres las venderán como esclavas sexuales”, se lamenta la mujer.

Cristine, que será madre el próximo diciembre, está atemorizada al pensar qué será de ellos esté próximo invierno. Lluvias. Nieve. Temperaturas gélidas. La mujer prefiere no decir palabra y agacha su cabeza. Sabe que las endebles tiendas de campaña, donadas gentilmente por ACNUR, son insuficientes para resistir las acometidas de un invierno aterrador. “El invierno, en Erbil, es muy duro; y más si tienes que vivir prácticamente a la intemperie. Los desplazados no tienen calefacción ni estufas en las tiendas. ¿Cómo se supone que van a calentarse?”, se pregunta Ammar Leviv, médico voluntario que pasa consulta todos los días en un pequeño dispensario en la Iglesia de San José, en el barrio cristiano de Ainkawa.

Un hombre lee la biblia durante el oficio religioso. Fotografía: © Antonio Pampliega

Un hombre lee la biblia durante el oficio religioso. Fotografía: © Antonio Pampliega

En este recinto religioso, piedra angular de los cristianos de Erbil, viven cerca de 250 familias diseminadas en diferentes tiendas de campaña en los jardines de la Iglesia y en un edificio a medio construir en la acera de enfrente. “Los cristianos de Mosul escucharon que esté sitio era seguro y comenzaron a llegar sin parar, tanto que estamos absolutamente desbordados y no tenemos espacio para más”, afirma Leviv. El hacinamiento y la falta de privacidad han desencadenado los primeros problemas graves de convivencia entre los desplazados. “Se han registrado incidentes entre familias que se han visto obligadas, de la noche a la mañana, a vivir en menos de 10 metros cuadrados y cuyo tabique de separación con el vecino es solo una tela”, cuenta el médico. Niños llorando. Toses. Conversaciones nocturnas. Humo de cigarrillos. Cualquier nimiedad puede desencadenar un problema; aunque para Suan, responsable de la Iglesia de San José, es algo a lo que se puede poner remedio. Este hombre de mediana edad le teme más a la propagación de enfermedades contagiosas.

“Hace tres días hemos detectado el primer caso de fiebre tifoidea entre los desplazados. La mujer está en cuarentena con el fin de que pueda contagiar a más personas”, señala Suan. La suciedad que se acumula entre las tiendas. El intenso calor. Las malas condiciones de los sanitarios. La mala calidad del agua. Son un caldo de cultivo propicio para la transmisión de enfermedades contagiosas, como el cólera. “El día que aparezca un caso de cólera entre los refugiados, ese día será un caos absoluto, se propagará como la peste y no podremos deternelo”, se lamenta el doctor Ammar Leviv, quién confiesa que no tienen medios suficientes para poder vacunar, de manera preventiva, a los desplazados.

La brutalidad del EI

Soada Jan habla atropelladamente. La mujer, de mediana edad y de penetrantes ojos azules, pide ayuda desesperadamente. “El Estado Islámico secuestro a mi sobrina de dos años. Sus padres no pudieron escapar. Desde hace más de un mes no sabemos nada de ella”, se lamenta la mujer quién pregunta su algún gobierno occidental podría hacer algo por ella. Los ojos esquivos del reportero y la bajada de la mirada la acerca la realidad. Nadie hará absolutamente nada por ellos. “Es posible que la hayan matado, y quizás mejor porque vivir con estos salvajes no es vivir”, dice en alto tratando de engañarse a su misma.

A su lado, un hombre joven, interviene en la conversación. “Yo he oído que los islamistas se entretienen viendo como los perros se comen a los recién nacidos”. Soada lanza una mirada de reproche al joven que se encoje de hombres y continúa su camino como si tal cosa.

Una mujer reza con un rosario entre las manos. Fotografía: © Antonio Pampliega

Una mujer reza con un rosario entre las manos. Fotografía: © Antonio Pampliega

Los rumores y las leyendas sobre la suerte que corren las mujeres a manos de los milicianos del Estado Islámico corren como la pólvora entre los desplazados. Todos saben de lo que son capaces aunque muy pocos lo hayan visto con sus propios ojos. “A las mujeres las violan o las venden como esclavas. También las casan con los combatientes durante unos días para que sacien su apetencia sexual”, afirma Solibia Ammar. Esta joven de 20 años, se dispone a preparar la comida para su familia, cinco miembros en total. Debajo del brazo porta un barreño lleno de judías verdes recién troceadas. La joven no tiene ninguna duda de la suerte que hubiese corrido a manos de los yihadistas. “Me hubiesen casado con algún combatiente y luego me hubiesen vendido o matado. Nosotras, las cristianas, no tenemos ningún valor para ellos. Somos solo un botín de guerra”, denuncia aunque, acaba afirmando que no conoce ningún caso y que “son sólo rumores que se escuchan entre los desplazados”.

“No tienen piedad de los cristianos. No dudan en decapitarnos uno a uno. Venden a nuestras mujeres o las convierten en esclavas sexuales. No son humanos”, se lamenta Soiki Said, policía de la ciudad de Mosul, ciudad de la que se vio obligado a huir. “El ejército iraquí huyó en desbandada dejando todos los arsenales abandonados. Los policías tratamos de resistir pero nuestras armas eran insuficiente contra los tanques o la artillería del EI, así que no tuvimos más remedio que rendir la ciudad y huir”, se lamenta este cristiano qué reconoce que muchos de sus amigos- cerca de 40- se convirtieron al Islam para salvar su vida. “¿Convertirme yo al Islam? Soy cristiano y moriré como tal. Prefiero que me corten el cuello antes que profesar la misma religión que esos asesinos”, sentencia el ex policía, padre de un hijo discapacitado y a quién no puede mantener, ya que tuvo que huir con lo puesto de Mosul. “He vendido hasta las alianzas de boda para poder comprar medicamentos a mi hijo”, se queja este desplazado que se ha visto obligado a refugiarse en la Iglesia.

Las ejecuciones sumarias. Las decapitaciones. Las crucifixiones… La brutalidad que ha demostrado el Estado Islámico para con sus cautivos deja fuera de toda duda que la palabra clemencia no entra en su vocabulario. Ellos mismos se han encargado de difundirlo en diferentes plataformas para infundir un miedo terrible entre sus enemigos. “Nos marchamos horas antes de que los yihadistas tomaras mi pueblo. No quería comprobar de lo que son capaces”, afirma Sabria Faradida. Esta mujer lleva el éxodo en sus venas. Huyó de la ciudad de Basora (en el sur del país) hasta Mosul, de donde tuvo que volver a huir cuando los yihadistas se hicieron con el control de la ciudad. Ahora vive en Erbil. “Nos marchamos con lo puesto. Pensábamos que el ejército iba a retomar Mosul en un par de días, por eso no cogimos gran cosa de nuestras casas”, señala mientras rebusca ropa en un par de bolsas de basura que los vecinos de Ankawa han acercado hasta esta iglesia.

Mientras los yihadistas del Estado Islámico sigan teniendo presencia en Irak, los casi dos millones de cristianos que viven en este país de Oriente Medio sentirán sobre sus cabezas la espada de Damocles.

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Categorías: Irak | Etiquetas: , , , , , , , | 1 comentario

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Un pensamiento en “Situación límite para miles de refugiados cristianos en Irak

  1. El Cid Campeador con su Colada y su Tizona montando a Babieca.

    Es tremendo el mal que pueden engendrar en sus corazones esos musulmanes islamistas de DAESH. Matando niños, violando niñas de 8 años. Decapitando niñas, niños y hombres y pinchando en verjas de un parque de Mosul sus cabezas. Crucificando cristianos, enterrandoles incluso vivos….cuanto mal, cuanta persecición. Y únicamente por cumplir las salvajes Suras que les dicta su corán y su religión de odio. Es increible lo que una mala formación y una educación fundamentalista islámica desde niños, puede afectar a la mentalidad de esos desalmados.

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