Hay una carta para mi


Hace casi dos meses, cuando empezamos con la campaña de ayuda a los niños de Siria, Marta Otero (redactora de La Voz de Galicia) me escribió para que publicara un reportaje- todo lo crudo que quisiera- sobre los motivos que me habían llevado a empezar esta campaña.

Ese artículo, sin yo saberlo, ha tenido una repercusión muy importante en Galicia. Docenas y docenas de cajas y paquetes provenientes de esa Comunidad Autónoma han ido llegando hasta Madrid para sumarse a la campaña. Junto con esas cajas algunas cartas firmadas por Antía o por Alexandra, Marina y Rosa (una madre y sus dos hijas) agradeciéndome la labor que he llevado a cabo.

Pero, como dijo alguien no hace mucho tiempo, yo sólo soy un pequeño eslabón de una cadena interminable de gente que se ha ido sumando. Una cadena de gente anónima. Gente como Antía o Alexandra o Eva o Rosa o Gloria… Gente a la que no conocía de nada pero a la que estaré eternamente agradecido.

Colegio clandestino de  Alepo, Siria. Fotografía: © JM López

Colegio clandestino de Alepo, Siria. Fotografía: © JM López

Artículo publicado en La Voz de Galicia

“¿Cuánto dolor han visto nuestras cámaras?”, me preguntaba el fotógrafo italiano Fabio Bucciarelli mientras apuraba un cigarrillo en la entrada del hospital Dar Al-Shifa de la ciudad de Alepo. Me quedé en silencio. Mirándole. No sabía qué contestarle. Miré al suelo tapizado de polvo, cascotes y restos de sangre. Revisé algunos planos que había estado grabando, y lloré. Lloré mucho y aún lloro recordando aquel día.

Tenía 30 años. Había estado cubriendo conflictos bélicos en lugares tan dispares como Afganistán o Haití. Pero hasta que no llegué a Siria jamás había visto una guerra en toda la extensión de la palabra. Nunca había vista tanta crueldad- y espero no volver a verla nunca. Jamás había visto tantos y tantos civiles asesinados con esa saña. Aún hoy, no sé muy bien qué contestar a la pregunta que me formuló el bueno de Fabio aquel cuatro de octubre de 2012.

Un niño es trasladado a un hospital. Fotografía: © Antonio Pampliega

Un niño es trasladado a un hospital. Fotografía: © Antonio Pampliega

Han pasado dos años y medio de aquel día, pero aún lo recuerdo como si fuese ayer. Jamás podré olvidarlo. Ni yo ni ninguno de mis compañeros. Ese día me acompañará el resto de mi vida. Lo tengo grabado a fuego. Sigo oliendo la sangre. Sigo viendo nítidamente como las entrañas del hospital vomitaba litros y litros de sangre porque ya no podía seguir tragando más. Recuerdo los familiares desgarrados por el dolor. Los besos a cadáveres. Los golpes en el pecho. Las carreras con los cuerpos inertes en los brazos buscando un doctor que estaba atendiendo, al mismo tiempo, a otros tantos pacientes. Recuerdo la desesperación. La rabia. El dolor. Las ganas de mandar la cámara a la mierda y ponerme a echar una mano a los doctores. “Tu trabajo es hacer fotos y documentar esto. Así que ya estás haciendo fotos y déjanos a nosotros trabajar en paz”, me respondió uno de los doctores del hospital cuando le planteamos ayudarles. Los fantasmas de aquel día me siguen visitando cada noche.

Aquel cuatro de octubre levantar la vista de la pantalla de la cámara para buscar un nuevo plano era una bofetada de realidad. Niños muertos o destrozados por la metralla colapsaban las urgencias. Niños que te clavaban los ojos. Ojos inertes. Ojos sin vida. Ojos a los que algún francotirador hijo de puta, les había quitado el brillo. Llantos que taladraban los tímpanos. ¿Es posible trabajar con lágrimas en los ojos? Sí, desde luego que es posible… Doy fe de ello. Puede que la realidad se difumine por las lágrimas pero no se tergiversa. Aquel día terminé de trabajar. Y volví a llorar. Apenas pude dormir. Recordaba cada segundo que había pasado en el interior de ese maldito hospital.

La guerra, dos años y medio después de aquel cuatro de octubre, continúa en Siria. El conflicto, o la carnicería- como ustedes quieran denominar a lo que allí ocurre- se ha cobrado más de 250,000 víctimas de las cuales cerca de 9,000 son niños- de los cuales 2,165 son menores de 10 años.

Una niña es rescatada entre los escombros. Fotografía: © Antonio Pampliega

Una niña es rescatada entre los escombros. Fotografía: © Antonio Pampliega

Me duele Siria. Me duelen sus niños. Me duelen como si fuesen mis hermanos pequeños o mis propios hijos. Lloro al recordarlos. Lloro al revisar las fotos que acompañan este artículo. Durante estos tres años que llevo cubriendo la guerra de Siria he visto cientos de niños muertos. He visto a padres, madres, abuelos, abuelas, hermanos, hermanas llorar sobre sus cadáveres marchitos. He visto como, desesperados, hermanos trataban de despertarlos de su sueño eterno.

Hace tiempo que dejé de contar los niños muertos que he visto en esta maldita guerra. Pero eso no significa que no los sigan asesinando impunemente. Pero ahora he decidido centrarme en los que aguantan. En los que sobreviven. En los que siguen riendo y en los que te roban una sonrisa. Los niños sirios me han devuelto la vida en varias ocasiones. En ocasiones en las que estaba mal de ánimo… Así que es de recibo devolverles toda esa gratitud.

Fotografía: © Antonio Pampliega

Fotografía: © Antonio Pampliega

Para ello qué mejor forma que robarles una sonrisa llevándoles peluches, libros de texto (en inglés o árabe), libros para colorear, lápices de colores, ceras, balones… Cualquier cosa que les ayude a olvidarse de la realidad a la que se enfrentan cada día. Por eso he puesto en marcha una modesta campaña de ayuda para recoger todo el material escolar y llevárselo. Es hora de salvar a los niños perdidos de Siria y demostrarles que su dolor también es el nuestro.

https://www.facebook.com/events/830967820308886/

Categorías: Siria | Etiquetas: , , , , , , , | 4 comentarios

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4 pensamientos en “Hay una carta para mi

  1. Buenas tardes Antonio.
    Puesto que no tengo Facebook y Twitter es más limitado, le comento por aquí si no es mucha molestia.

    He ido hoy a Correos a enviar un paquete para la campaña que están llevando a cabo para los niños sirios. Puse la dirección indicada pero me han dicho que para enviarlo necesito además el nombre del remitente. ¿Qué podría hacer?

    Muchas gracias,
    Un saludo y enhorabuena por su labor.

  2. Acabo de leer que la campaña acabó el pasado viernes.
    Lo siento:/ pese a ello, si el paquete todavía puede ayuda, por favor, avíseme.

    Siento las molestias y muchísimas gracias de nuevo.

  3. Me fui de viaje y no he visto su respuesta hasta hoy. Lo siento muchísimo. La donación para el envío del material podría hacerla todavía? Siento nuevamente las molestias.

    Un saludo y gracias por ‘Siria. La primavera marchita’🙂

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